Diario Tech & IA
En 2026, la ventaja competitiva ya no estará en qué se tokeniza, sino en cómo ese activo se integra en sistemas existentes. La infraestructura que conecta activos on-chain con el mundo real —custodia regulada, acceso institucional y liquidez efectiva— será el verdadero factor diferencial. Ejemplos como proyectos que están construyendo mercados on-chain con cumplimiento desde el diseño, como Ondo Finance, muestran que la tokenización solo crea valor cuando se conecta directamente con los flujos de capital tradicionales.
El mercado empieza a reconocer que muchos proyectos de RWA no fallaron por falta de tecnología, sino por falta de reglas claras y cumplimiento normativo desde el inicio. Emitir tokens sin un marco regulatorio sólido genera activos técnicamente correctos, pero comercialmente irrelevantes. Por eso, la nueva infraestructura financiera on-chain se apoya cada vez más en infraestructura regulada como la que desarrolla Securitize, donde la emisión, custodia y gestión de activos digitales están alineadas con los estándares del sistema financiero tradicional.
La adopción institucional tampoco llegará de forma abstracta. El capital no migra hacia narrativas, migra hacia infraestructura confiable y compatible con sus propias reglas. En este contexto, la entrada directa de grandes bancos como JPMorgan en infraestructura on-chain confirma que el interés institucional no pasa por experimentar con DeFi tradicional, sino por construir rieles propios que conecten blockchain con mercados de escala real.
Finalmente, la infraestructura financiera no se reemplaza con promesas, se desplaza cuando existen mejores rieles, menor fricción y mayor interoperabilidad. Iniciativas como redes institucionales como Canton, diseñadas para interoperabilidad y cumplimiento, reflejan hacia dónde se dirige el mercado: sistemas compartidos, regulados y eficientes, capaces de operar on-chain sin romper con las exigencias del mundo financiero global.