Diario Tech & IA
El mercado de los activos del mundo real tokenizados está creciendo, pero el crecimiento por sí solo no prueba que exista un mercado profundo, líquido y funcional. En la industria cripto suele repetirse una cifra como si fuera suficiente: tantos miles de millones de dólares en RWA, tantos holders, tantos activos tokenizados, tantos protocolos activos. El problema es que esas métricas, aunque útiles, pueden crear una ilusión de madurez. Un activo puede estar tokenizado, puede aparecer en una blockchain, puede sumar valor bloqueado o valor distribuido, y aun así no tener verdadera liquidez.
Esa distinción será cada vez más importante. Según datos de RWA.xyz, el ecosistema ya agrupa distintas categorías de activos tokenizados, incluyendo stablecoins, bonos del Tesoro de Estados Unidos, deuda gubernamental no estadounidense, crédito, acciones, private equity, venture capital, estrategias activas, commodities y bienes raíces. La misma plataforma muestra que las stablecoins superan los US$300 mil millones en valor total, mientras el mercado RWA no estable se mueve en decenas de miles de millones de dólares, dependiendo de si se mide valor distribuido, valor representado o el conjunto de activos reportados.
La expansión es real. El error está en confundir expansión con liquidez. En los mercados tradicionales, que un activo exista no significa que pueda venderse sin castigar el precio. Que tenga valoración no significa que tenga compradores inmediatos. Que esté registrado no significa que tenga mercado secundario profundo. Y que se pueda transferir técnicamente en una blockchain no significa que exista una estructura legal, operativa y comercial capaz de sostener esa transferencia en condiciones de estrés.
Ese es el punto que la narrativa RWA debe empezar a reconocer. La tokenización puede mejorar la eficiencia de ciertos activos: permite representación digital, liquidación más rápida, trazabilidad, programabilidad, fraccionamiento, automatización de cumplimiento y potencial integración con mercados on-chain. Pero tokenizar no convierte mágicamente un activo ilíquido en líquido. Si no hay compradores, si no hay mercado secundario, si la propiedad está concentrada en pocos tenedores, si no hay redención clara, si la custodia depende de acuerdos débiles o si el marco legal es ambiguo, el token puede ser más una promesa de mercado que un mercado real.
Un paper reciente titulado “Tokenized but Illiquid? Evidence from Real-World Asset Markets” plantea precisamente esa diferencia: la representación on-chain y la liquidez secundaria son resultados distintos. El estudio, basado en datos de RWA.xyz y observaciones de Etherscan, analiza tokens vinculados a bonos del Tesoro, oro y crédito privado, y mide liquidez a través de indicadores como turnover, direcciones activas y actividad mensual. Su conclusión es prudente pero importante: el valor pendiente de un activo no predice de forma confiable su liquidez observada. Algunos tokens respaldados por oro muestran bases de holders más amplias y actividad más persistente que muchos productos de Treasuries o crédito privado.
Dicho de forma simple: un RWA grande no necesariamente es un RWA líquido. Puede tener mucho valor representado y poca actividad. Puede estar en manos de pocos tenedores institucionales. Puede moverse poco. Puede tener redención limitada. Puede depender de un único emisor, una sola jurisdicción, un solo custodio o una estructura legal que el comprador promedio no entiende. En esos casos, el TVL funciona como fotografía de tamaño, pero no como diagnóstico de salud.
Otro trabajo reciente, “Beyond TVL: An Explainable Risk Scoring Framework for Tokenized Real-World Assets”, propone mirar el mercado con tres lentes: riesgo de liquidez, riesgo de concentración y calidad de mercado. El marco usa señales observables como turnover, distribución de holders, actividad de direcciones, frecuencia de transferencias y concentración de red. Su hallazgo central es que varios tokens con valor on-chain elevado presentan riesgo empírico alto porque combinan baja actividad, poco turnover y propiedad concentrada. En sentido contrario, activos con menor valor nominal pueden mostrar menor riesgo si tienen participación más amplia y actividad más consistente.
Esta es la diferencia entre repetir datos y analizar mercados. El TVL responde a la pregunta: ¿cuánto valor hay registrado o distribuido? Pero no responde a preguntas más importantes: ¿se negocia ese activo?, ¿con qué frecuencia?, ¿cuántos compradores y vendedores hay?, ¿qué tan concentrada está la tenencia?, ¿existe un spread razonable?, ¿hay profundidad de mercado?, ¿la redención funciona?, ¿quién custodia el activo subyacente?, ¿qué pasa si el emisor falla?, ¿qué derecho legal tiene el comprador?
La tokenización de bonos del Tesoro de Estados Unidos ilustra bien el matiz. Es uno de los segmentos más fuertes del ecosistema RWA porque el activo subyacente es conocido, líquido y de alta calidad en los mercados tradicionales. Pero incluso ahí hay que distinguir entre la liquidez del Treasury como instrumento financiero tradicional y la liquidez del token específico que lo representa. El bono del Tesoro puede ser líquido en Wall Street; el token que promete exposición a ese bono puede no tener la misma profundidad, el mismo acceso, las mismas garantías ni el mismo mercado secundario.
Esto es todavía más delicado en crédito privado, bienes raíces, private equity o activos alternativos. Si el activo subyacente ya es ilíquido fuera de la cadena, la tokenización puede mejorar distribución, trazabilidad y eficiencia operativa, pero no elimina automáticamente el problema económico de fondo. Un edificio tokenizado sigue dependiendo del mercado inmobiliario. Un préstamo tokenizado sigue dependiendo del riesgo de crédito. Una factura tokenizada sigue dependiendo del pagador. Una participación en private equity sigue dependiendo de ventanas de salida, valuación y eventos de liquidez. La blockchain puede mejorar el registro, pero no puede inventar demanda real donde no existe.
Por eso el análisis serio de RWA debe empezar por separar cinco capas: el activo subyacente, el vehículo legal, el token, el mercado secundario y la infraestructura operativa. El activo subyacente responde a qué hay detrás: Treasuries, crédito, oro, acciones, bienes raíces o fondos. El vehículo legal define qué derecho recibe el comprador. El token permite representación y transferencia digital. El mercado secundario determina si ese token se puede negociar de manera eficiente. La infraestructura operativa incluye custodia, auditoría, compliance, oráculos, redención, reportes, ciberseguridad y resolución de fallas.
Un tercer estudio reciente, “A Taxonomy of Real-World Asset Tokenization for Blockchain-Based Financial Infrastructure”, refuerza esta visión. Sus autores sostienen que los sistemas RWA son difíciles de comparar porque las reclamaciones legales, la custodia, la mecánica del token, los procesos de verificación y las integraciones on-chain suelen describirse por separado. El paper organiza el análisis en dimensiones como gobernanza, estructura del activo, propiedades del token, tecnología distribuida y economía. También concluye que la tokenización RWA funciona mayormente mediante arquitecturas híbridas: el token permite representación y transferencia, pero las garantías legales centrales permanecen ancladas en wrappers jurídicos, custodios, procesos de cumplimiento y verificación fuera de la cadena.
Esa palabra —híbrido— es esencial. Los RWA no viven solamente en blockchain. Viven entre la blockchain y el mundo legal, bancario, contable y regulatorio. Un token de oro necesita oro custodiado. Un token de Treasury necesita un vehículo que posea o replique exposición a instrumentos del Tesoro. Un token de crédito necesita contratos de préstamo, garantías, cobranzas y reglas de incumplimiento. Un token de bienes raíces necesita propiedad, registro, administración, impuestos, mantenimiento y venta. El token es la interfaz digital; no es el activo completo.
La SEC también está mirando en esa dirección. En las contribuciones publicadas por su Crypto Task Force aparecen preocupaciones recurrentes sobre custodia, reservas, respaldo de activos tokenizados, segregación de activos de clientes, integridad de negociación, ciberseguridad, sanciones, verificación operativa y protección del inversionista. Una entrada del 1 de julio de 2026 sobre valores tokenizados plantea que los instrumentos ofrecidos a inversionistas minoristas deberían estar respaldados 1:1 por el activo subyacente, custodiados por entidades reguladas, sometidos a auditorías independientes y acompañados de divulgaciones claras sobre derechos, redención, quiebra y recuperación del inversionista.
Ahí aparece el problema central para el público: muchos compradores no saben exactamente qué compran cuando compran un RWA. Pueden creer que poseen una acción, cuando en realidad poseen una representación económica. Pueden pensar que tienen un bono, cuando tienen participación en un vehículo que mantiene exposición a bonos. Pueden imaginar que el token les da propiedad directa, cuando en realidad tienen un derecho contractual sujeto a jurisdicción, términos de servicio, custodio y mecanismos de redención.
En mercados maduros, esa diferencia importa muchísimo. No es lo mismo propiedad directa que exposición sintética. No es lo mismo derecho económico que derecho político. No es lo mismo tener dividendos que tener voto. No es lo mismo poder redimir contra el emisor que depender de vender en un exchange. No es lo mismo tener activos segregados que activos mezclados dentro del balance de una entidad. No es lo mismo una auditoría independiente que un dashboard bonito.
El caso de Franklin Templeton muestra hacia dónde va la parte institucional del mercado. En junio de 2026, la firma anunció una alianza con MoonPay para conectar su plataforma Benji con infraestructura institucional de trading, permitiendo a usuarios elegibles moverse entre stablecoins soportadas y exposición a fondos monetarios tokenizados dentro de flujos on-chain. Franklin Templeton presentó la integración como un paso para hacer más útiles los fondos tokenizados en tesorería, gestión de liquidez, rebalanceo y usos cercanos a colateral. La propia firma también advierte que existen riesgos vinculados con emisión, redención, transferencia, custodia y registro de participaciones mantenidas en blockchain.
Ese ejemplo es útil porque muestra la dirección correcta: los RWA institucionales no necesitan solo emisión; necesitan utilidad. Un fondo monetario tokenizado se vuelve más valioso si puede integrarse con stablecoins, flujos de tesorería, colateral, liquidación y acceso regulado. La pregunta ya no es simplemente “¿cuánto AUM tokenizado tiene?”, sino “¿qué se puede hacer con ese token, bajo qué reglas, con qué liquidez, para qué tipo de usuario y con qué protección?”.
Para Diario Tech & IA, esta es la lectura que diferencia un análisis serio de una nota superficial. El mercado RWA sí está creciendo. Sí hay instituciones relevantes entrando. Sí hay avances en Treasuries tokenizados, fondos monetarios, crédito privado, commodities y stablecoins. Pero la narrativa debe abandonar el entusiasmo automático. La tokenización será importante no porque todo activo pueda tener un token, sino porque algunos activos podrán integrarse de manera más eficiente a una infraestructura financiera digital con reglas, liquidez y confianza.
El inversionista, el empresario y el lector interesado deben aprender a mirar más allá del TVL. La primera pregunta no debe ser cuánto vale el mercado, sino qué tan funcional es. Para evaluar un RWA, conviene revisar al menos siete aspectos.
Primero, la liquidez real: volumen, frecuencia de transferencias, turnover, compradores, vendedores y profundidad. Segundo, la concentración de holders: un token en manos de pocos actores puede moverse poco y comportarse de forma frágil. Tercero, la calidad del activo subyacente: no es igual Treasury, oro, crédito privado, factura comercial o bienes raíces. Cuarto, la custodia: quién mantiene el activo real, bajo qué regulación y con qué auditoría. Quinto, la redención: cómo se convierte el token de vuelta en efectivo, stablecoin o activo subyacente. Sexto, la jurisdicción: qué ley protege al comprador y dónde se resuelven disputas. Séptimo, el riesgo operativo: oráculos, smart contracts, compliance, ciberseguridad, transfer agents, emisores y terceros críticos.
Si esas preguntas no tienen respuestas claras, el token puede tener narrativa, pero no necesariamente mercado. Y cuando llegue un episodio de estrés —salidas masivas, caída de precios, duda regulatoria, problema de custodia o quiebra de intermediario— la diferencia entre un RWA bien estructurado y uno débil será evidente.
El futuro de los RWA no se definirá solo por cuánto crezca el valor tokenizado. Se definirá por cuántos de esos activos logren construir mercados secundarios confiables, derechos legales claros, redención funcional, custodia robusta y utilidad real para instituciones y usuarios. El TVL seguirá siendo una métrica visible, pero no debe ser el centro del análisis. En la tokenización, como en las finanzas tradicionales, el tamaño impresiona; la liquidez decide.
Por eso la pregunta correcta no es si los RWA van a crecer. Probablemente crecerán. La pregunta importante es cuáles RWA tendrán mercado real y cuáles quedarán como vitrinas digitales de activos difíciles de mover. En esa diferencia se jugará la madurez de la tokenización institucional.
Referencias consultadas
RWA.xyz. Global Market Overview: Tokenized Real-World Assets. RWA.xyz Analytics Dashboard, consulta julio de 2026.
Mafrur, Rischan. Tokenized but Illiquid? Evidence from Real-World Asset Markets. arXiv:2606.01131, 2026.
Mafrur, Rischan. Beyond TVL: An Explainable Risk Scoring Framework for Tokenized Real-World Assets. arXiv:2605.29689, 2026.
Mafrur, Rischan. Tokenize Everything, But Can You Sell It? RWA Liquidity Challenges and the Road Ahead. arXiv:2508.11651, 2025.
Vella, G. A Taxonomy of Real-World Asset Tokenization for Blockchain-Based Financial Infrastructure. arXiv:2606.08534, 2026.
Luo, Junliang; Xiong, Xihan; Li, Zonglun; Hong, Kang; Liu, Xue; Knottenbelt, William J.; Tinn, Katrin. SoK of RWA Tokenization: A Systematization of Concepts, Architectures, and Legal Interoperability. arXiv:2604.06608, 2026.
U.S. Securities and Exchange Commission. Crypto Task Force: Written Input. SEC, 2026.