Diario Tech & IA
El Reino Unido acaba de poner sobre la mesa una de las hojas de ruta más ambiciosas para llevar la tokenización desde el terreno de los pilotos financieros hacia la infraestructura real de los mercados mayoristas.
El anuncio no debe leerse como si Londres ya hubiera lanzado un mercado tokenizado plenamente operativo. Eso sería exagerado. Lo correcto es entenderlo como un programa de doce meses, coordinado entre industria, gobierno y reguladores, para probar casos de uso concretos en los puntos donde realmente se define la utilidad de los activos digitales institucionales: repos, colateral, mercados secundarios y deuda soberana digital.
Ese detalle es clave. En la mayoría de las conversaciones sobre RWA, la atención suele centrarse en la emisión de un bono tokenizado, un fondo tokenizado o una acción representada en blockchain. Pero emitir un activo digital es apenas el primer paso. La pregunta verdaderamente importante es otra: ¿puede ese activo circular, servir como garantía, financiarse, liquidarse con dinero regulado y conectarse con la infraestructura existente del mercado?
Ahí está el cambio de fase.
El 13 de julio de 2026, el Wholesale Digital Markets Champion del Reino Unido, Chris Woolard, publicó su primer informe para impulsar la tokenización de los mercados financieros mayoristas británicos. La iniciativa reúne una taskforce de 54 firmas y plantea acciones para construir mercados secundarios, tokenizar colateral y avanzar sobre DIGIT, el instrumento de deuda soberana digital del Reino Unido. Durante los próximos doce meses, el grupo trabajará en casos de uso de extremo a extremo, con un foco inicial en repos tokenizados.
La elección del repo no es casual. Un repo —o acuerdo de recompra— es una operación central en los mercados financieros: una institución obtiene financiación de corto plazo entregando un activo, normalmente deuda pública u otro instrumento de alta calidad, como garantía. Es uno de los mecanismos silenciosos que sostienen la liquidez diaria de bancos, fondos, dealers y tesorerías institucionales.
Por eso, un repo tokenizado puede ser más transformador que otra emisión aislada de bonos digitales. Si el repo funciona, el activo tokenizado deja de ser una pieza decorativa de innovación financiera y empieza a entrar en el corazón operativo del mercado: financiación, colateral, liquidez y gestión de riesgo.
La tokenización institucional alcanza otra dimensión cuando un bono, una unidad de fondo o un instrumento de deuda pública no solo existe en un registro distribuido, sino que puede utilizarse como garantía, moverse entre contrapartes, liquidarse con mayor eficiencia y conectarse con procesos de post-trade. El verdadero “Big Bang” no está en crear tokens financieros, sino en permitir que esos tokens cumplan funciones de mercado.
El propio marco británico venía preparando este terreno. En mayo de 2026, la Financial Conduct Authority y el Banco de Inglaterra publicaron una visión conjunta sobre tokenización en mercados mayoristas. Según los reguladores, la tokenización puede transformar la forma en que los activos se emiten, negocian y liquidan, pero las firmas necesitan mayor claridad regulatoria e infraestructura adecuada para poder invertir y escalar. Entre los temas señalados aparecen el tratamiento prudencial, el colateral tokenizado y los instrumentos de liquidación.
Esa combinación explica el sentido del plan. El Reino Unido no está tratando la tokenización como una moda cripto, sino como parte de una estrategia más amplia para modernizar sus mercados mayoristas. La estrategia oficial del gobierno británico sobre mercados financieros digitales ya identificaba tres líneas: optimización del mercado, transformación mediante tecnologías como DLT e inteligencia artificial, y liderazgo internacional en coordinación con la industria y otras jurisdicciones.
Esto es importante porque la tokenización financiera no se resuelve únicamente con tecnología. También requiere normas de custodia, reconocimiento legal, estándares de interoperabilidad, tratamiento de capital, mecanismos de liquidación, controles contra delitos financieros, resiliencia operacional y claridad sobre qué ocurre cuando un activo digital representa un derecho sobre un activo tradicional.
En ese sentido, el enfoque británico busca pasar de la demostración técnica a la arquitectura de mercado. No basta con que un bono pueda representarse en blockchain. El punto es si puede integrarse con bancos, custodios, infraestructuras de mercado, gestores de activos, cámaras de compensación, sistemas de pago y marcos regulatorios.
La pieza más simbólica de esa arquitectura es DIGIT, el Digital Gilt Instrument. En febrero de 2026, Reuters informó que el Reino Unido había seleccionado la plataforma blockchain Orion de HSBC para apoyar el piloto de emisión de bonos gubernamentales tokenizados. El objetivo del piloto es probar cómo la tecnología de registros distribuidos podría hacer más eficiente el mercado de capitales y reducir costos para las instituciones financieras. Reuters también señaló que, aunque el interés global por la deuda tokenizada está aumentando, este tipo de instrumentos sigue representando todavía una fracción pequeña del mercado total de deuda.
Esa advertencia es esencial. La deuda soberana digital no debe presentarse como una revolución ya consumada. DIGIT es todavía un instrumento piloto. Pero si avanza, puede convertirse en una pieza de referencia para un ecosistema más amplio: bonos públicos tokenizados, repos digitales, colateral móvil y liquidación más automatizada.
La razón es sencilla: en los mercados institucionales, la deuda soberana de alta calidad no solo sirve como inversión. También funciona como colateral. Es decir, como garantía para financiar operaciones, respaldar posiciones, cubrir riesgos y sostener liquidez. Si ese colateral puede moverse de forma más eficiente, con menos reconciliación manual y mayor disponibilidad operativa, el efecto puede sentirse mucho más allá del bono específico emitido.
Aquí aparece una de las grandes promesas de la tokenización: mejorar la movilidad del colateral.
En los mercados actuales, mover garantías entre instituciones puede ser lento, costoso y dependiente de múltiples intermediarios. Hay reconciliaciones, horarios limitados, diferencias entre registros, procesos manuales y fricciones entre jurisdicciones. Un sistema tokenizado bien diseñado podría permitir que ciertos activos se transfieran, bloqueen, liberen o reutilicen con mayor precisión operativa, siempre bajo reglas regulatorias claras.
Pero también hay riesgos. Un mercado tokenizado mal diseñado puede fragmentar liquidez, duplicar infraestructuras, crear dependencias tecnológicas, aumentar riesgos operacionales o generar una falsa sensación de liquidez. Que un activo esté tokenizado no significa automáticamente que tenga compradores, profundidad, precio transparente o redención eficiente.
Por eso la parte más madura del plan británico no es el entusiasmo por blockchain, sino su énfasis en casos de uso reales, estándares y coordinación. La página del Wholesale Digital Markets Champion señala que se crearán nueve grupos de acción para trabajar prioridades a lo largo de la cadena de valor del mercado y desarrollar buenas prácticas transversales. También indica que el caso de uso de repo buscará probarse y, de ser posible, ejecutar una prueba en vivo hacia la primavera de 2027.
Esa fecha ayuda a poner los pies sobre la tierra. El Reino Unido no anunció que sus repos tokenizados ya dominan el mercado. Anunció un camino para probarlos, coordinarlos y medir si pueden integrarse en la infraestructura financiera existente.
La distinción importa para América Latina y para cualquier país que observe estos procesos desde fuera. La lección no es simplemente “tokenicemos activos”. La lección es que la tokenización útil necesita una secuencia: primero claridad jurídica, luego activos de referencia, después infraestructura de liquidación, más tarde colateral funcional y finalmente mercados secundarios con participantes reales.
En República Dominicana y en la región, donde las conversaciones sobre activos digitales suelen quedarse atrapadas entre entusiasmo cripto y cautela regulatoria, el caso británico ofrece una enseñanza práctica: la institucionalización de la tokenización no empieza por el token, sino por la infraestructura que permite usarlo con seguridad.
El Reino Unido está intentando posicionarse antes de que otros centros financieros definan los estándares. Estados Unidos, Singapur, Suiza, Hong Kong, Emiratos Árabes y la Unión Europea también compiten por atraer emisores, bancos, custodios, fintechs e infraestructuras de mercado. En esa carrera, el país que logre conectar regulación, liquidez, colateral y dinero de liquidación tendrá una ventaja superior al que simplemente anuncie más pilotos.
La tesis central es clara: la tokenización institucional entra en una etapa distinta cuando el activo digital puede utilizarse como garantía, financiarse mediante repos, negociarse en mercados secundarios y liquidarse con dinero regulado.
Ese es el verdadero Big Bang tokenizado. No una explosión repentina, sino una reconfiguración gradual de la plomería financiera.
Si el plan británico avanza, el mercado RWA dejará de medirse solo por valor emitido o TVL. Habrá que mirar métricas más profundas: uso como colateral, volumen de repos, actividad secundaria, calidad de liquidación, interoperabilidad con sistemas tradicionales, participación bancaria y capacidad de redención.
La tokenización ya no se juega únicamente en la emisión. Se juega en la circulación.
Y en los mercados financieros, lo que no circula, no transforma.